Llorens & Durán no es una floristería. Es un taller artesanal en el que se hacen encargos a medida y totalmente personalizados, con un carácter que no puede definirse como lujoso, pero sí aspiracional. Esta aclaración quizá sea la piedra angular sobre la que se sustenta la filosofía de este espacio, concebido como un microbosque natural, inmerso y escondido en el Paseo de la Habana, para proporcionar bienestar a todo aquel que, por casualidad o no, dé con él.

Juan y Javier son los nombres que hay detrás de los apellidos de esta marca. Con ellos empezó todo. Con ellos y con la creación de una pieza muy concreta -un jardín vertical liofilizado de sobremesa que está expuesta en el local- a la que imprimieron un fuerte componente romántico, un proceso totalmente artesanal y una buena dosis de pasión por la naturaleza, con el único fin de aportar bienestar a quien la poseyera.

Los jardines verticales que hacen hoy en día son de mayor tamaño y con ellos visten paredes de restaurantes y otros espacios, como su propio local. Hacen trabajos casi de todo tipo, desde grandes proyectos de arquitectura floral para eventos, a piezas mínimas para tener un detalle especial con clientes, además de, por supuesto, sofisticados bouquets, ramos, arreglos, centros de mesa, tocados… que tienen como destino final embajadas y casas de diplomáticos, en su mayoría.

Quizá por eso, y visto desde un modo genérico, las comparaciones con una floristería no son tan descabelladas, aunque en cuestiones de estética e interiorismo de local, aquí gana el concepto ‘bosque‘, como si hubieran trasladado un pedacito de su esencia para mostrarla en estas cuatro paredes. Ocho, si se contabilizan las de la planta baja, en la que se encuentra el taller propiamente dicho: cinco personas más completan el equipo que trabaja diariamente en cada pieza. Se hacen de una en una, a mano, pensando en la persona a quien va dirigida y siempre bajo pedido.

Influencias japonesas, británicas y francesas

Buena muestra de sus creaciones lucen de manera natural en la tienda, todas con un denominador común: las ramas, que cuelgan y aparecen por todas partes. Hay mimosas, manojos de lavanda, matas de brezo… Entre las flores, muchas rosas de Inglaterra, hortensias o bresicas. Y otras plantas, como el musgo que, en su temporada, anuncia la llegada del invierno.

Lo aprendido durante los viajes por el mundo y los estudios en diferentes países de Javier -maestro floral- junto con el sentido estético en el que siempre se implica Juan, hacen que cada una de las creaciones que salen del taller tenga marcadas influencias japonesas, británicas o francesas. Y se nota, porque hay desorden con mucho color, hay asimetrías compensadas, hay volumen, hay agrupación sin mezcla… Aunque el resultado siempre es uniforme: una pieza refinada y elegante.

Y como una planta es algo vivo y perecedero, Llorens & Durán tienen por filosofía seguir mimándolas incluso después de haber salido de la tienda. Los consejos de cuidado son más que habituales en cualquier conversación con ellos, además del servicio de mantenimiento y reposición de flores para clientes que necesitan flores periódicamente. También imparten cursos y jornadas de aprendizaje en las que enseñan desde trucos y técnicas de cuidado, a la elaboración de piezas concretas o la decoración tematizada para fechas señaladas. Y pensar que todo empezó con un pequeño jardín vertical liofilizado de sobremesa…

Fotos. Alfonso Ondarroa.

Horario


De  lunes a viernes de 09 a 20h. Sábado de 10 a 14h. Domingo cerrado.

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